miércoles, 11 de noviembre de 2009

Into The Wild


Un día y una noche de catástrofe, aventura pero, sobre todo, inolvidable.

Empezamos despertándonos en casa de la familia de Alex como la mañana anterior: sin prisas, con desayuno y a gustos. Decidimos buscar un albergue por Internet que pudiese alojarnos cerca de Burgos (Castilla y León) para poder viajar a un pueblo llamado Villandiego y después explorar la ciudad de Burgos en si.

El albergue que encontramos se hallaba en Arija, un pueblo situado alrededor de un pantano que sirve de zona de actividades deportivas en verano y que en invierno es conocido por estar tan vació como las praderas llenas de nieve que lo rodean. Sin embargo, cuando empezamos a acercarnos a Burgos, descubrimos que lo único peligroso y solitario de esas zonas eran sus bajas temperaturas.

Para llegar hasta el albergue, teníamos que tomar una carretera nacional bastante remota y solitaria pero que nos llevaba a nuestro destino en menos tiempo. Por esta carretera vimos diversos pueblos pequeños de montaña con nombres curiosos y poca iluminación. La solitaria aventura nos llevo a hablar de diversos temas terrorificamente frikis tales como zombis, habitantes de montaña violentos (hoygans), animales mutantes y otros temas que vendría bien no mencionar. Lo que no sabíamos es que en ese mismo instante, el coche pasaría encima de algo solido que dejaría el coche averiado en aquella solitaria carretera.

Bajo la luz de las múltiples estrellas que alumbraban esa noche, algunos intentaban reparar el coche mientras que otros intentaban ver que demonios había sido eso que habíamos atropellado. Finalmente, una grúa y un taxi vinieron a por nosotros y a por nuestro querido coche. El coche ahora mismo esta en un taller desconocido mientras que nosotros estamos a salvo en un albergue, degustando de nuestra cabaña de seis literas y dos baños.

Por cierto... Adivinad lo que atropellamos...

Troopers vs Chueca

Una vez reunidos todos en el McDonald de Gran Vía, el grupo completo (Alex, Xemy, Vicent, Francis, Silvia, Alicia y los dos franceses) se dirigió de nuevo a Chueca en busca de un bar que tenia una oferta de copas a 2x1 y música de los años '80.

Después de un largo camino en el cual nos intercambiaron historias y anécdotas de lo ocurrido a cada grupo, alcanzamos nuestro destino y pudimos encontrar un sitio bastante cómodo donde sentarnos al final del bar. Ignorando el hecho de que el que nos informo del bar nos mintió (diciendo que el bar empezó siendo un bar homosexual pero que, al cabo de unos meses, termino siendo un bar internacional y de gran mayoría heterosexual), nos hallamos a gusto en aquel bar. Vicent y Francis se propusieron probar todas las copas que tenían la oferta de 2x1 y, a pesar de que les falto una por probar, consiguieron emborracharse en poco tiempo.

El bar empezó a vaciarse, lo que significaba que debíamos mudarnos a otro bar. Vicent ya tenia claro a donde quería ir: un bar llamado “Delirio”. Pero, cando encontramos la entrada, su increíble sentido de la orientación le llevo a entrar en el bar de al lado, un longue de música jazz con asientos cómodos y Sex On The Beach a 4€. Aquí recuperamos fuerzas y salimos hacia el Delirio, donde ocurrió lo siguiente:

Vicent se acerco al individuo de la puerta que aparentaba encargarse de la seguridad de aquel lugar. Procedió a entrar sin saludar ni considerar a aquel tipo, pero nunca estaba destinado a ser tan fácil. El segurata detuvo a Vicent antes de que pasase por el marco de la puerta si quiera.
“Hay que pagar entrada” dijo el segurata indiferente.
“Ah vale... ¿Cuanto?” contesto Vicent, ebrio.
“Ocho euros.”
“Vale...” dijo Vicent, sin considerar sus próximas palabras. “Pues aquí no vamos a entrar, ¿Donde esta el siguiente bar abierto?”

Esa falta de respeto total nos llevo a un bar llamado “El Mito”, una discoteca bastante grande lleno de luces de colorines, barras, asientos cómodos y fotos de travestís que habían ganado algún tipo de concurso en aquel lugar. Pese a esta descripción que acabamos de daros, os aseguramos que el bar fue el clímax de aquella noche.

Las copas eran increíblemente caras, lo que nos dejo con la única opción de bailar. Y bailamos mucho... Desde “La Macarena” hasta unas cuantas Sevillanas. Esto se prolongo hasta las 4 de la mañana, cuando por fin decidimos acompañar a Silvia y Alicia hasta una parada de autobuses donde partir caminos, dirigiéndonos cada uno a sus respectivos hogares.




Victory!

Vicent y Francis vs Gran Vía


Muy buena Xemy, pero ahora me toca a mi.

Mientras ocurría lo anterior, Vicent y Francis se hallaban en la plaza de Sol, degustando de un excelente Frapuchino en el Starbucks café antes de una buena cena en el KFC. Después de saciar el estomago y el paladar, los dos se dirigieron hacia la Gran Vía, donde habían quedado con Alicia con la promesa de fiesta y cerveza barata... Y no se incumplió.

El lugar al que fueron se llamaba Outlet, un bar pequeñito en Chueca (Madrid) con buenas ofertas y ambiente tranquilo. Aquí nuestros tres héroes bebieron, hablaron y rieron hasta recibir una llamada de Alex quien les informó de que el concierto de Rammstein había finalizado y que deberían quedar en la parada de metro de Gran Vía. Pero claro, es imposible llegar desde un punto A a un punto B sin aventuras.

En la puerta del Outlet un individuo y su pareja se acercaron a pedirle un mechero a Francis, el cual se lo presto. En breve descubrieron que estos dos individuos eran franceses, lo que ofertó a Vicent una oportunidad para ser de utilidad. Sin embargo, fueron interrumpidos por un individuo que vendía sombreros a 5€. Vicent consiguió rebajar el precio a 3,50€ nuestros tres héroes, junto con los dos franceses, obtuvieron sus gorros antes de partir todos juntos hacia Gran Vía para encontrarse con los demás...

Alex y Xemy vs Rammstein

Bueno, gente, aquí estamos de nuevo.

Ayer nos separamos en dos grupos por la tarde para hacer cada uno nuestras cosas: por un lado, Vicent y Francis se fueron al centro con Alicia. Mientras tanto, Xemy, Alex y Silvia...


Silvia, Alex y Xemy se fueron al concierto de Rammstein: metro hasta Goya y cerveceo para soportar la interminable cola de entrada al Palacio de los Deportes. Menos mal que el hermano de Alicia nos dijo de pasar por una entrada alternativa en la que no estuvimos ni cinco minutos.

Una vez dentro nos fuimos a una tribuna frente al escenario desde donde se veía bastante bien.

Empieza el concierto: los teloneros de Rammstein no estuvieron nada mal y caldearon bastante el ambiente... pero a Xemy lo que le caldeó fue otra cosa:


Alex -Oye, pon un par de minis, jefe

Hijo de puta cervecero -Claro, hombre, aquí tienes

Alex – Gracias. Oye, ese mini tiene bastante espuma

Hijo de puta cervecero – Ah, bueno, es que soy nuevo

Alex – Ah, bueno, no pasa nada, aquí tienes, 20 pavos

Hijo de puta cervecero – Ah, gracias, venga, nos vemos

Xemy - ¿Ein?

Alex - ¿Le he dado 20 pavos, no?

Xemy – Si

Xemy – Eh, tío, ven aquí

Hijo de puta cervecero – Qué, qué pasa

Alex – Tío, que te he dado 20 pavos

Hijo de puta cervecero- Si

Alex - ¿Y las vueltas?

Hijo de puta cervecero - ¿Qué vueltas? Son a 10 euros cada uno

Xemy - ¿Ein?

Alex - ¿Ein?

Hijo de puta cervecero - ¿No te lo había dicho?

Alex – Pues no

Xemy – Acho, pues llénalo, ¿no?

Hijo de puta cervecero – Ah, claro

Así que Xemy se pasó todo el concierto de los teloneros blasfemando contra el Hijo de puta cervecero, oh, qué hijo de puta cervecero más cabrón.


Eso si, el concierto fue la-re-hos-tia:


Aquí podéis apreciar, además del increíble directo de Rammstein, el apabullante buen pulso de Alex. Bueno, esta parte es el inicio, al salir los Rammstein al escenario abriéndose paso con soplete.

La verdad es que no hay palabras para describir el espectáculo de pirotecnia que ofrecieron: fuego, explosiones, lanzallamas... ¡y buena música!


Al acabar, pilllamos el metro hasta Gran Via y nos compramos unas hamburguesas en el McDonalds. Ahí nos encontramos con Vicent y Francis, pero eso es otra historia...