miércoles, 11 de noviembre de 2009

Troopers vs Chueca

Una vez reunidos todos en el McDonald de Gran Vía, el grupo completo (Alex, Xemy, Vicent, Francis, Silvia, Alicia y los dos franceses) se dirigió de nuevo a Chueca en busca de un bar que tenia una oferta de copas a 2x1 y música de los años '80.

Después de un largo camino en el cual nos intercambiaron historias y anécdotas de lo ocurrido a cada grupo, alcanzamos nuestro destino y pudimos encontrar un sitio bastante cómodo donde sentarnos al final del bar. Ignorando el hecho de que el que nos informo del bar nos mintió (diciendo que el bar empezó siendo un bar homosexual pero que, al cabo de unos meses, termino siendo un bar internacional y de gran mayoría heterosexual), nos hallamos a gusto en aquel bar. Vicent y Francis se propusieron probar todas las copas que tenían la oferta de 2x1 y, a pesar de que les falto una por probar, consiguieron emborracharse en poco tiempo.

El bar empezó a vaciarse, lo que significaba que debíamos mudarnos a otro bar. Vicent ya tenia claro a donde quería ir: un bar llamado “Delirio”. Pero, cando encontramos la entrada, su increíble sentido de la orientación le llevo a entrar en el bar de al lado, un longue de música jazz con asientos cómodos y Sex On The Beach a 4€. Aquí recuperamos fuerzas y salimos hacia el Delirio, donde ocurrió lo siguiente:

Vicent se acerco al individuo de la puerta que aparentaba encargarse de la seguridad de aquel lugar. Procedió a entrar sin saludar ni considerar a aquel tipo, pero nunca estaba destinado a ser tan fácil. El segurata detuvo a Vicent antes de que pasase por el marco de la puerta si quiera.
“Hay que pagar entrada” dijo el segurata indiferente.
“Ah vale... ¿Cuanto?” contesto Vicent, ebrio.
“Ocho euros.”
“Vale...” dijo Vicent, sin considerar sus próximas palabras. “Pues aquí no vamos a entrar, ¿Donde esta el siguiente bar abierto?”

Esa falta de respeto total nos llevo a un bar llamado “El Mito”, una discoteca bastante grande lleno de luces de colorines, barras, asientos cómodos y fotos de travestís que habían ganado algún tipo de concurso en aquel lugar. Pese a esta descripción que acabamos de daros, os aseguramos que el bar fue el clímax de aquella noche.

Las copas eran increíblemente caras, lo que nos dejo con la única opción de bailar. Y bailamos mucho... Desde “La Macarena” hasta unas cuantas Sevillanas. Esto se prolongo hasta las 4 de la mañana, cuando por fin decidimos acompañar a Silvia y Alicia hasta una parada de autobuses donde partir caminos, dirigiéndonos cada uno a sus respectivos hogares.




Victory!

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